Mónica García Miranda, una doctora a ritmo de samba en Brasil
Posted by: admin / Category: Brasil“Papá Noel nos vende los adornos navideños en chanclas y bermudas”
Texto: Alberto Cerezuela Rodríguez
Fotografías: Mónica García Miranda
Yo soy de los que opinan que el amor es lo más importante en la vida, por encima de todo. Cuando antepones cualquier cosa a tus sentimientos, seguro que te arrepientes. Historias como la de Mónica García Miranda (24/11/1976), terminan por darme la razón.
Mónica estudió en el C.P Tierno Galván y en el Instituto de Bachillerato de Santo Domingo antes de partir hacia Sevilla para cursar su primer año de Medicina. Curiosidades de la vida, no se sintió capaz de estar tan lejos de su hogar (hoy se encuentra a más de 10.000 kms), y decidió seguir sus estudios en Granada. Durante el tercer año de carrera, consiguió una beca para Brasil, sin saber que esa experiencia cambiaría su vida para siempre. Estuvo haciendo prácticas en el Departamento de Patología y Medicina Legal de la Facultad de Medicina de Marília (São Paulo). “Cualquier estudiante de tercer año de medicina fliparía con lo que hice allí. Estaba en un auténtico CSI brasileño”. Mónica destinaba su tiempo a hacer todo tipo de disecciones, necropsias, autopsias, partes de lesiones… y a asistir a unas clases teóricas que no le gustaban nada, pero el destino le sonrió puesto que allí fue donde conoció a Rodrigo, un estudiante de medicina brasileño hasta la médula, que hoy es su marido. “Fue amor a primera vista, a segunda, a tercera…”.

Cuando acabó su beca, pensó que jamás volvería a ver a Rodrigo… Hasta que meses después se presentó en Granada en busca de su amor. “A partir de ahí fue un ir y venir, y todos los ahorros se iban en billetes de avión. Fueron muchas despedidas en aeropuertos y muchas lágrimas”. Y la incertidumbre de no saber cuándo se volverían a ver, hasta el punto que ninguna de las dos familias apostaba por esta relación. Pero el amor fue más fuerte que la distancia y, tras siete años, hicieron realidad su sueño de estar juntos para siempre. Ella, como ejidense cabezota, consiguió que se casaran en nuestra tierra, pero tocaba decidir entre otro dilema. ¿Dónde vivir?
BRASIL
Rodrigo lo tenía todo preparado para trabajar como cirujano digestivo en la clínica de su padre, así que Mónica tuvo que hacer las maletas y cambiar el Paseo de las Lomas por el país del carnaval más famoso del mundo.
Mónica García compatibiliza su trabajo en la clínica con la traducción de un libro de medicina, además de disfrutar de su pequeña Paola, de dos añitos, su gran tesoro. “Es muy graciosa porque está empezando a hablar y mezcla el portugués con el español”.
Brasil es 15 veces más grande de España. Sólo en Sao Paulo viven 20 millones de personas, un auténtico caos, sobre todo para el tráfico. “Existe un sistema de rodicio. Cada día de la semana está prohibido que circulen los coches que terminan en un número. Por ejemplo, los lunes no pueden circular los coches cuya matrícula termine en 5 y 7. De lo contrario, son multados. Así disminuye el número de vehículos en movimiento dentro de la ciudad”.

A Mónica le encanta la diferencia racial y cultural que hay en Brasil. “Mi marido es descendiente de italiano y austriaco por parte de sus abuelos paternos, e indígena y español por parte de los abuelos maternos. Y para rematar la faena casado conmigo, española”. ¡Vaya cocktail de genes que tiene la pequeña Paola!
Vive en Ribeirão Preto (Sao Paulo), una ciudad de 600.000 habitantes con clima cálido y seco, y con tan solo dos estaciones, la seca y la lluviosa (un año estuvo lloviendo un mes sin parar). “Es extraño pasar las Navidades aquí que es pleno verano con un calor húmedo insoportable y en bikini. Cuando vamos a los centros comerciales a comprar los típicos adornos de Navidad, el Papa Noel los vende con chanclas y bermudas”. Allí no se comen las doce uvas, sino que se va a la playa y a media noche tienes que entrar en el mar y saltar siete olas de espaldas para tener suerte el próximo año. Es un lugar con mucha fauna y flora. “Puedes encontrarte con monos, lagartos, boas, aves exóticas silvestres como las “araras”, periquitos de todos los colores volando… Mis suegros viven a las afueras y en su casa colocan bananas para que pasen y paren a comer por allí los monos Ya tuvieron que llamar dos veces a los bomberos y a protección civil para que retirasen del terreno una boa que medía más de un metro y medio”. Los primeros meses lo pasó un poco mal. “Hice y deshice las maletas más de 10 veces. Le decía a Rodrigo que me iba a mi tierra, que no aguantaba más. Mi marido se reía y me decía: ¡Ay! ¡Mi españolinha melodramática, mi españolinha brava!” Y es que allí los españoles tenemos fama de bravos y de impacientes. ¡Lo queremos todo en el momento! Pero el amor pudo más y ayudaba a deshacer el equipaje.

La comida típica es la “Feijoada”, una que esclavos hacían con las sobras de sus señores. Usaban aquellas las partes que no querían (las orejas, el rabo tanto del cerdo como del buey…) y lo mezclaban con “feijao negro” (habichuelas negras). Pero Mónica se vuelve loca con las “Churrascarias”. “Te sientas en un restaurante y empiezan a traerte carnes, y más carnes. Más de 50 tipos: cocodrilo, capivara (roedor comestible), avestruz… pero mi debilidad es la carne de ternera y de buey. Son mejores en carnes que en España. Si tengo que decidir entre la “picanha” (un tipo de carne de buey), y el jamón dudaría mucho. ¡Pero como buena española, me decidiría por el jamón!”. No se crean que en su casa se han olvidado de la dieta mediterránea. El domingo, Rodrigo guarda el bisturí y cocina una rica paella que acompañan con sangría, “y con una siesta, que mi marido se las ha traído de España”. Las ventajas de mezclar culturas.
Como curiosidades, Mónica tiene para dar y regalar. Conduce un Ford Focus que funciona con alcohol. “Cuando lo cuento a mis familiares, no me creen. Se saca de la caña de azúcar y se utiliza como bio-combustible”.
Añora a su familia y amigos, que suelen visitarla. Un primo suyo, agricultor, quedó impactado al ver una mezcla entre calabacín, pepino y berenjena. El “chuchu”.
Lo peor de Brasil son sus diferencias sociales. Hay muchos pobres y pocos ricos. Las afueras de las grandes ciudades están plagadas de chabolas, lo que genera violencia. Por eso es el país con más coches blindados. Que no se preocupen los ejidenses, pueden venir de visita y comprobarán que es un auténtico paraíso. “Os recomiendo El Cristo Redentor, El Pan de Azúcar, y las playas de Salvador de Bahía o Recife”. Mónica dice que por ahora no piensa volver. Nosotros sí que volveremos pronto con más ejidenses por el mundo.




























